SIN INTERMEDIARIOS. POR UN COMERCIO JUSTO.

"...Cuando me preguntan si soy agricultor,siempre contesto que soy un hombre que no solo cultivo, sino también observo, me preocupo e intento dar armonía a mi entorno y que todo ello, me lleva con mi esfuerzo creativo a sacar frutos de mi huerta, sin mermar la fertilidad de la tierra y de proporcionar productos que contribuyen a la salud de los demás, sin contaminar la tierra, el agua, el aire que nos son esenciales, modelando la belleza del paisaje, alimentando el cuerpo y el espíritu. Sí, agricultor soy... De ahí nace Bobalén ecológico".

domingo, 2 de agosto de 2015

Un informe de EE.UU. confirma que los cultivos transgénicos ponen en peligro la agricultura ecológica.

Una encuesta realizada a agricultores ecológicos de Estados Unidos demuestra el fracaso de la denominada "coexistencia" entre los cultivos transgénicos y los ecológicos o convencionales. Su experiencia muestra que la prevención de riesgos y los efectos de la contaminación por transgénicos plantean una desventaja injusta. Una clara advertencia para España, único país de la UE que permite el cultivo de transgénicos a gran escala. La encuesta, realizada en EE.UU. por la organizaciones Food & Water Watch y OFARM, revela los costes extra a los que se ven sometidos los agricultores ecológicos, por la carga de trabajo adicional, el coste económico, el tiempo que conllevan las medidas preventivas para evitar la contaminación transgénica y las consecuencias cuando éstas se producen. Por ejemplo, las pérdidas de las medidas preventivas a las que están obligados los agricultores ecológicos en EE.UU. pueden llegar a suponer más de 6.000 euros anuales, entre zonas de barrera, retraso en la siembra, análisis y otras medidas. Además, el riesgo de contaminación es muy alto: un tercio de los encuestados había sufrido contaminación en su cosecha, con una pérdida media de más de 3.000 euros anuales.

De ellos, la mitad habían visto su cosecha rechazada varias veces. El abandono de cultivos en los que se han aprobado variedades transgénicas, o la tensión con los vecinos que cultivan estas variedades, son otras 
consecuencias que sufren los agricultores ecológicos en EE.UU.
 COAG, Ecologistas en acción, Amigos de la Tierra y Food & Water Europe denuncian que "agricultores y agricultoras del Estado Español se enfrentan a los mismos problemas. La misma situación de inseguridad y protección, con tan solo un cultivo transgénico autorizado, el maíz MON810. La aplicación de las medidas de protección y el coste de las mismas no debe recaer en los productores que han elegido no cultivar transgénicos. Además, estos cultivos no deben condicionar al resto de los productores que han optado por el modelo de agricultura social y familiar europeo".
También denuncian que la ganadería ecológica en el Estado Español está asimismo seriamente afectada por la presencia de transgénicos, "porque los operadores tienen que asumir importantes sobrecostes para garantizar la alimentación sin transgénicos de sus animales, debido a los numerosos casos de contaminación de piensos y cultivos".

Fuente: http://www.foodandwaterwatch.org/briefs/contaminacion-por-transgenicos


Rey de Antioxidantes: El Gazpacho Andaluz.

Comemos para recuperar fuerzas, mantener sano el organismo y crecer o frenar el envejecimiento. Pero, ¿cómo estar seguros de hacerlo bien? La mejor manera es observar el resultado en pueblos que llevan años haciéndolo sabiamente con recursos y medios similares a los nuestros. A los hábitos alimentarios mediterráneos algunos estudiosos les pusieron el nombre de Dieta Mediterránea, al comprobar que en esta zona la salud y la esperanza de vida es la mayor del mundo y que no dependía de un sólo alimento, ni de la herencia genética, sino de la forma de alimentarse a lo largo del año. Nos introduciremos en ella con este plato veraniego que ya en el S.VIII se preparaba en el cálido sur de la península, donde la cultura árabe de la huerta fue la base de una sabia medicina.



El gazpacho cumple con los requisitos de la dieta mediterránea, basada en una comida frugal, poco desnaturalizada, con ingredientes frescos, locales y de temporada. Se toma como ensalada líquida o sopa fría y se elabora a base de tomate crudo, del que poseemos abundancia de variedades locales, lo que nos asegura todavía más propiedades beneficiosas. A esto, se suma que en ecológico, todo el mundo sabe que gana en aroma y saber, no hay residuos de plaguicidas y ahora sabemos que nos aporta más nutrientes. Según un interesante estudio de la Universidad de Barcelona, los zumos de tomate ecológico tiene más compuestos fenólicos que los convencionales. Si ha madurado al sol, por eso interesa local y de temporada, aportará más beneficiosos antioxidantes, que son los que frenan el envejecimiento celular, más vitaminas, calcio, hierro y diversos carotenos con unas cualidades tan esenciales para el organismo que se recomienda especialmente a personas convalecientes de tratamiento con quimioterapia y radioterapia.

Al tomate le acompaña en el gazpacho otro ingrediente perfecto: el aceite de oliva, joya de nuestra alimentación mediterránea por sus beneficios para la salud. Esencial que sea de calidad ecológica, virgen extra, su precio es totalmente asumible porque lo tenemos aquí mismo. Como cereal añadiremos un poco de pan puesto a remojo, lo trituramos y añadimos luego trocitos de pepino, de pimiento y si se requiere, ajo y sal, optativos como la albahaca o el cilantro, en una refrescante mezcla de sustancias protectoras.
El primero que se planteó que había una dieta protectora fue Ancel Keys, bioquímico que estudió las famosas "raciones K", para los soldados del ejército norteamericano en los años 50. Keys había observado que en el Viejo Continente no había enfermedades cardiovasculares, minetras que en EEUU estaban ya a la cabeza. Comprobó que había una forma diferente de comer y la definió como Dieta Mediterránea, gran variedad de hortalizas y verduras frescas a lo largo del año, frutas, hierbas silvestres, frutos secos, legumbres, cereales, algo de carne de la granja, pescado y frutos del mar. Las grasas procedían del aceite de oliva y no había excesivo consumo de azúcar. En los años 80 nuevos estudios demostraron  lo acertado de esta dieta y cuantificaron cómo personas que habían sobrevivido a un infarto de miocardio se recuperaban antes y mejor cuando la seguían. Al abandonarla, aceites de baja calidad, comida precocinada, poca fibra y verdura, bebidas edulcoradas... están aumentando las enfermedades que antes evitaba. Esto se suma a las carencias y los tóxicos de los alimentos convencionales. Un colectivo como el de los vegetarianos, que pone especial cuidado en su salud, son precisamente los que más se exponen si su comida no es ecológica, además de que ya no pueden tomar las frutas con su piel ni cereales no refinados porque en la piel y en la envoltura de los cereales se concentran los plaguicidas, y ven reducidas las virtudes de los alimentos, especialmente si no son de temporada, característica de la Dieta Mediterránea.
Recuperémosla tomando este verano un gazpacho de ingredientes ecológicos, locales y de temporada. Será agradable y revitalizante sin resultar caro ni para nuestra economía ni para el planeta.